Clase 2. La tarea de enseñar
La
tarea de enseñar ciencias
Sintetizando la idea o concepto de transposición didáctica presentada
por Maurice Chevallard, se
entiende que la tarea de hacer ciencias en la escuela, es una tarea que implica
una planificación por parte del docente. Esta planifica encierra, la elección de temas o contenidos a desarrollar,
que presenta el diseño curricular, pero además se debe buscar en ese
contenidos, aquellos que despierte interés y sean promotores de unas construcción
de un nuevo conocimiento. El docente debe contar con las herramientas, para
transformar ese conocimiento científico en un conocimiento escolar, además debe
unir o ser un nexo entre el pensamiento o la construcción de un conocimiento
por parte de sus alumnos con el contenido científico.
Toda
esta tarea docente tiene una finalidad bien definida:
• como
un proceso de construcción progresiva de las ideas y modelos básicos de la
ciencia y las formas de trabajo de la actividad científica, que
se propone animar a los alumnos a formular preguntas, a manifestar sus
intereses y experiencias vinculadas con los fenómenos naturales y a
buscar respuestas en las explicaciones científicas, por medio de
actividades de exploración, reflexión y comunicación;
• como un proceso de enculturación
científica a partir de actividades de valoración y promoción, que
se propone que los chicos y sus familias se acerquen a la ciencia y que
puedan interpretarla como una actividad humana, de construcción
colectiva, que forma parte de la cultura y está asociada a ideas, lenguajes
y tecnologías específicas que tienen historicidad. Una ciencia más “amigable”
y más cercana a la vida.
Situaciones didácticas
contextualizadas
El
diseño de situaciones didácticas contextualizadas implica el desafío de relacionar
los contenidos de ciencias que se enseñarán con los intereses de los chicos y
chicas y con los hechos significativos para ellos. De este modo, la
contextualización se vincula con el proceso de selección y secuenciación de
contenidos. En este punto ingresa o se pone en marcha el paradigma de Horizonte formativo y educación popular.
Ambos presentan un punto en común, el de entender y contextualizar la
situaciones sociales, económicas, culturales y etarias, del grupo en el que se
desarrollan los procesos de enseñanza.
Las
situaciones didácticas contextualizadas, buscan un disparador, un tema que
pueda plantear situaciones problemáticas, que esté presente en el diseño curricular,
pero que sea desequilibrante para los alumnos y despierte interés en los mismos.
Esta situaciones deben contener actividades que afiancen el conocimiento que se
está elaborando y desarrollando, deben estar encuadradas en la didáctica del
nivel y el contenido que se trabaja. Es poner en marcha el quehacer científico,
desde la mirada del alumno. Estos trabajos de “laboratorios”, son tareas
sencillas que pueden ir desde la producción o construcción de un germinador
hasta una salida didáctica. Pero siempre
que se realice una salida didáctica no se debe perder de vista, el tema o los
temas que se están trabajando. Unas de las modalidades que hoy en día son tendencia
o se recomienda, para el trabajo áulico que capte la atención de los alumnos y
sea funcional, son los ABP (Aprendizaje
Basado en Proyectos). En esta instancia también se puede implementar las visitas a la institución
educativa de científico o especialistas en el área que se está trabajando.
Modelizar para aprender
ciencias: un cruce entre exploraciones, pensamiento y lenguaje.
Como
estudiamos en la primera clase, los conocimientos o los temas científicos, siempre tiene una carga emocional, propia de
los científicos y sus expectativas, ellos mismo van creando y desarrollando sus
investigaciones en base a los que piensan y entienden. Nuestros alumnos hacen
los mismo desde el comienzo de su escolaridad y desde antes de las misma,
entienden su entorno en base a los recursos que tienen y dan su interpretación del
mismo, aunque no lo expresen en palabras, estas ideas y pensamientos ya existen,
y en el docente a cargo de la clase el que debe ir recolectando la información,
y planificando las clase en base a estos conocimientos, para luego generar las
situaciones deseadas para la construcción de un pensamiento científico en el
nivel escolar.
La
modelación del pensamiento inicial, no debe tenerse como algo equivocado, todo
lo contrario estas ideas que en muchos
casos no son del todo erróneas, pero si deben ser ampliadas, modeladas y desarrolladas,
para alcanzar la meta que se busca. El pensamiento científico es dinámico y la
ciencia dentro de un aula debe ser más dinámica todavía. En este proceso de aprender a ver de otra
manera, de estructurar la “mirada científica”, el lenguaje juega un papel
irreemplazable. En el marco de la actividad científica escolar, el lenguaje
permite darle nombre a las relaciones observadas y conectarlas con las
entidades conceptuales que las justifican; también permite que emerjan nuevos
significados y nuevos argumentos. El lenguaje se convierte así en la
herramienta para cambiar la forma de pensar el mundo.
Las
preguntas del docente en la medida que se plantean situaciones problemáticas,
sirven para poner en marcha o constatar lo que se está trabajando, en medida
que cada alumno pueda plasmar en palabras lo que entienden, además los procesos
de investigación con pequeñas actividades de investigación en el aula, generan las
condiciones necesarias, para brindar un espacio de observación, experimentación
y anclaje del conocimiento trabajado hasta el momento.
“Siempre que se entiende o comprende un tema, se lo puede
explicar, en forma oral o escrita”
Regulación y autorregulación de
los aprendizajes
Desde
el inicio de su pensamiento crítico, cada persona y en este caso cada alumno presentan
una manera de aprender, de construir teorías y un pensamiento sobre diversos
temas. Esta construcción puede ser
independiente, dependiente o presentar la necesidad de ciertas indicaciones. Por
esta razón, es muy importante planificar actividades que ayuden a los niños a
desarrollar sistemas cada vez más autónomos. Esto significa ayudarlos a
representarse progresivamente los objetivos de la tarea, a diseñar sus planes
de acción, a permitirse la equivocación y, al mismo tiempo, a aprender a
evaluar su error.
La
capacidad de autorregulación del aprendizaje y su autonomía, depende de la planificación
del trabajo áulico y la forma en que se presentan los contenidos. Esta tarea es
fundamental desarrollarla desde la más temprana edad, con la finalidad de construir en los alumnos o
educandos las competencias necesarias para generar una autonomía en el proceso
de aprendizaje.
El
desarrollo de ambientes que brinden refuerzos positivos, que reformulan las
preguntas y ayudan a anticipar los resultados son los más adecuados para la elaboración
de la autorregulación y facilitadores del aprendizaje. En este último párrafo se
plantea una secuencia a la que el docente debe estar atento, para planificar y
construir situaciones que faciliten este aprendizaje.


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